Muere Ralph Towner: el guitarrista que reinventó el silencio en el jazz
Un adiós al fundador de Oregon, maestro de la guitarra acústica que unió composición clásica, improvisación y folclore global.
A los 85 años, muere el artesano del silencio Ralph Towner —guitarrista, compositor y alma de Oregon—, dejando un legado donde el contrapunto y el espacio dicen más que cualquier amplificador. Towner reescribió las reglas del solo de guitarra sin electricidad ni pirotecnia, convirtiendo la respiración entre notas en su manifiesto estético.
Nacido en 1940 en una familia musical —madre pianista, padre trompetista—, comenzó estudiando arte en la Universidad de Oregón antes de virar a la composición, giro que afinó la claridad estructural de su obra. Allí selló su alianza con el contrabajista Glen Moore, compañero esencial en una búsqueda que nunca dejó de mutar.
El encuentro temprano con Bill Evans moldeó su oído armónico y su pianismo; sin embargo, una revelación con la guitarra clásica lo empujó a Viena en los sesenta para estudiar con Karl Scheit. Volvió con una técnica pulcra y un dominio del contrapunto que lo separó de sus contemporáneos, instalando una firma tímbrica inconfundible.
En 1968 se mudó a Nueva York y se integró en el Paul Winter Consort, donde estrechó lazos con Moore, Paul McCandless y Collin Walcott. De ese núcleo nació finalmente Oregon: una apuesta acústica y fronteriza que navegó a contracorriente del jazz-rock amplificado. Con Towner a la guitarra de 12 cuerdas, el grupo sonó pastoral y aventurero, rítmicamente inquieto y espiritualmente curioso.
Desde 1972, su asociación con Manfred Eicher en ECM le ofreció el laboratorio ideal. “Solo Concert” (1980) redefinió lo que un solo podía ser: contrapunto clásico, improvisación en tiempo real y ritmos asimétricos respirando con naturalidad. Le siguieron hitos como “Ana”, “Anthem” y “Oracle”. En 1984, la muerte de Walcott en un accidente de autobús sacudió a Oregon, que no obstante renació con Trilok Gurtu y luego Mark Walker, culminando en el ambicioso “Oregon in Moscow” (2000) junto a la Sinfónica Chaikovski. Lejos de la nostalgia, Towner mantuvo el diálogo abierto con Wolfgang Muthspiel, Slava Grigoryan, Paolo Fresu o Javier Girotto; y en “My Foolish Heart” (2017) cerró el círculo con un homenaje a Bill Evans, el chispazo original. Se ha ido Ralph Towner, pero su legado seguirá vibrando en el silencio entre las notas.
Muere Ralph Towner
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