7 rarezas de Willie Colón: el legado disruptivo y oculto del “Malo”
Ni gánster de cartón ni ícono tradicional: Willie fue el provocador que se adelantó a su tiempo. Con su trombón en silencio, rescatamos las rarezas del genio que nunca temió sonar “mal”.
Tras conocerse la noticia de su muerte, el impulso inmediato es volver a sus surcos. No solo a los himnos radiales, sino a esas rarezas donde Willie Colón se reveló como un arquitecto sonoro imposible de encasillar. El Bronx pierde una de sus voces más audaces, pero su discografía sigue siendo un territorio de riesgo, experimentación y rebeldía que aún interpela. Willie no fue únicamente un trombonista: fue un estratega visual, un productor visionario y un provocador que supo tensionar los límites de la industria desde adentro. Su legado no se reduce a la nostalgia; para quienes entendemos la salsa como resistencia cultural, sigue siendo un mapa abierto.
Aquí rescatamos 7 historias y datos que muestran su cara más alternativa y visionaria.
1. El nombre “El Malo” era una burla a su técnica (no a su actitud)
Hoy vemos la portada de su primer disco y pensamos en un gánster, pero el apodo tiene un origen mucho menos glamoroso. En 1967, los músicos veteranos de Nueva York decían que Willie “tocaba mal” el trombón porque no tenía una formación académica y su sonido era “sucio” y estridente.
La rareza: Al Santiago, el productor original, casi cancela la grabación porque Willie era un adolescente que apenas podía mantener el tiempo. Willie, en un acto de rebeldía, decidió titular el álbum “El Malo” para decir: “Si dicen que soy malo, entonces seré el peor de todos”. Transformó una deficiencia técnica en una marca de marketing legendaria.
2. El FBI lo buscó por la portada de “La Gran Fuga” (The Big Break)
La famosa portada de 1970 que emula un cartel de “Se busca” (Wanted) de la policía fue tan efectiva que causó problemas legales reales.
Lo extraño: El diseño era tan realista que el FBI contactó a Fania Records exigiendo que retiraran los carteles promocionales de las calles. Los agentes federales argumentaron que el uso de un formato oficial de “Buscado” era un delito federal y que la gente estaba llamando a las oficinas del FBI para dar pistas sobre el paradero del “peligroso criminal” Willie Colón. Fania tuvo que poner un aviso legal aclarando que era una parodia.
3. La conexión con Steely Dan (1975)
Esta es una rareza de estudio comprobable. En 1975, Willie lanzó el álbum “The Good, the Bad, the Ugly.” En ese disco hay un track instrumental brutal llamado “MC2 (Theme Realidades)”, que es un experimento de funk, rock y salsa.
El vínculo roquero: Willie contrató nada menos que a Elliott Randall para tocar la guitarra eléctrica en esa pista. Randall es una leyenda del rock, famoso por haber grabado el histórico solo de guitarra en el himno “Reelin’ In the Years” de Steely Dan. Tener a la guitarra líder de Steely Dan soleando frente al cuatro de Yomo Toro es un crossover de rock y salsa que muy pocos conocen.
3. El disco donde el trombonista… ¡no tocó el trombón!
El álbum “Solo” (1979) fue el primer gran grito de independencia de Willie tras sus etapas con Héctor Lavoe y Rubén Blades. Todos esperaban un disco rebosante de sus clásicos e imperfectos solos de trombón de vara, pero el “Malo” hizo una jugada maestra para despistar a los puristas y cambiar por completo su sonido.
La rareza acústica: Si revisas la contraportada original del vinilo con lupa, verás que los trombones los grabaron Leopoldo Pineda y Papo Vázquez. Willie, en cambio, se encargó de la dirección musical y grabó usando un instrumento extrañísimo en la salsa: la Trompeta Bajo (Bass Trumpet). Es un metal de pistones que maneja el mismo registro grave, pero con un timbre mucho más oscuro y aterciopelado. Además, para lograr esa atmósfera densa en temas como “Nueva York”, abandonó el formato de orquesta de calle y armó un muro de sonido casi cinematográfico. Metió flautas alto, clarinetes y saxos barítonos tocados por leyendas del jazz (como Mario Rivera y Ronnie Cuber), y remató la locura contratando al Irving Spice String Ensemble, una sección completa de cuerdas clásicas. Transformó la salsa brava en una obra sinfónica de cámara.
5. El “Asesor Secreto” de David Byrne en “Rei Momo”.
Cuando el líder de Talking Heads decidió explorar los ritmos latinos para su álbum “Rei Momo” (1989), Willie no fue solo un músico de sesión; fue el consultor principal que le enseñó a Byrne la rigurosa arquitectura de la clave.
El detalle: La colaboración fue profunda. Willie aparece acreditado como invitado especial en el tema “Make Believe Mambo” y, lo que pocos saben, es que co-escribió junto a Byrne la canción “The Rose Tattoo”, una joya que mezcla bomba y mozambique. Willie convenció a Byrne de que la salsa no era “música de fiesta” aleatoria, sino una estructura matemática estricta que no permitía errores.
6. La grabación “fantasma” con el Conjunto La Dynamica (1966)
Antes de firmar con Fania y cambiar la historia, un Willie de apenas 15 o 16 años dejó su primera huella en un sello minúsculo llamado Futura Records.
La rareza de coleccionista: Se trata de una grabación casi mítica realizada con el Conjunto La Dynamica de New York. Existe un sencillo de 45 RPM que es el “Santo Grial” para los investigadores. Se dice que grabó temas como “Fuego al Barrio”, pero la producción era tan precaria que el sello quebró antes de que el disco tuviera distribución real. La mayoría de las copias se perdieron y lo que escuchamos luego en Fania fueron regrabaciones de esas ideas primerizas con la banda de La Dynamica en el recuerdo.
7. El día que “hackeó” a Dire Straits y revolucionó el bajo en la salsa
En 1982, Willie lanzó el álbum “Corazón Guerrero”, un disco incomprendido en su momento por los puristas, con el que intentó llevar el género hacia un sonido más global.
La rareza doble: El tema que da título al disco es en realidad una oscura e introspectiva adaptación de “Sultans of Swing”, el himno de la banda de rock británica Dire Straits, escrito por Mark Knopfler. Willie tomó con permiso la rigurosa arquitectura armónica del rock y le inyectó una letra filosófica sobre la dualidad humana. Pero el experimento no se quedó solo en la composición: para fusionar esa vibra rockera con el Caribe, Willie se apoyó en el talento del bajista Salvador “Sal” Cuevas. Sal jubiló al tradicional contrabajo sordo e introdujo el bajo eléctrico tocado con la técnica de slap (golpear y jalar las cuerdas, típica del funk y el rock). Mientras en “Corazón Guerrero” amarraba los pesados acordes de Knopfler, en otros cortes del disco, como “Casanova” y “Dormido, No!”, desató un slap bass agresivo que le dio a la salsa una actitud rockera y callejera que nadie había escuchado hasta entonces.
Estas rarezas que hemos explorado de Willie Colón revelan a un artista que nunca le tuvo miedo al riesgo, al ruido ni a la fricción creativa. Fue un arquitecto sonoro que se negó a quedar congelado en la postal clásica de la Fania, usando la crudeza del barrio como plataforma hacia territorios más audaces. Hoy su trombón guarda silencio, pero su huella no. Desde el Bronx hasta el Caribe, su sonido sigue respirando en cada aguja que cae sobre el vinilo. A 33 revoluciones por minuto, su legado no se desgasta: arde. Y nos recuerda que la verdadera genialidad casi siempre suena un poco peligrosa.
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