La banda malagueña publica su primer LP y firma un viaje sonoro donde conviven western orquestal, electrónica lo-fi y espíritu indie con raíces del sur.
Monte Ventura no parece interesado en hacer discos cómodos. Con “A tiempo de nada”, publicado a través del sello El Genio Equivocado, la banda malagueña convierte su primer larga duración en un pequeño manifiesto sonoro: cuerdas, trompetas, distorsión, electrónica y folclore conviven en una arquitectura emocional tan ambiciosa como imprevisible.
Tras varios EPs y una reputación bien ganada sobre los escenarios, el núcleo creativo formado por David y Ernesto amplía horizontes con la llegada de Saray (Hazte Lapón) y de Perico y Juan (Arista Fiera). El resultado es una formación más robusta, capaz de empujar las canciones hacia territorios donde el pop alternativo se cruza con la tradición y el ruido sin pedir permiso. Grabado en Green Cross Studio (Málaga), producido por Caballo Grande en Barcelona y masterizado en Vacuum Mastering, el disco respira una mezcla de artesanía y riesgo poco habitual.
El viaje comienza con “Cae el rayo”, un western orquestal de amores condenados que podría haber sido imaginado por Jacques Brel en medio del desierto, mientras ecos de Scott Walker o Calexico sobrevuelan el horizonte. Después llegan piezas como “Trasteros”, delicadamente sostenida por violín y mandolina, o “El Sur”, donde el folclore se desata entre guitarras melódicas y un estribillo que parece bailar con sus propios fantasmas.
En el corazón del álbum aparecen contrastes igual de afilados: la balada “Golpes”, sostenida por sintetizador y guitarra acústica; “Cantaleta”, donde un piano obstinado narra el desgaste de una relación; o “La voz cantante”, producida por Manuel López (Buenatarde), que introduce un pulso lo-fi cercano a The Magnetic Fields mientras ironiza sobre perder el protagonismo dentro de la propia historia. Más adelante, “Volverte a ver” y “La Antigüedad” recuperan la electricidad con crescendos de guitarras que evocan a Neutral Milk Hotel, Los Planetas o Spiritualized.
El tramo final empuja el disco hacia su dimensión más cinematográfica: “La guerra de los mundos” transforma la espera de un nacimiento en pandemia en un clímax de violines y distorsión, mientras “La imagen absoluta” mezcla folclore y electrónica oscura con la voz invitada de Elia Maqueda. El cierre llega con “En cuanto al futuro”, una rumba crepuscular que desemboca en un estallido de cuerdas, como si el disco decidiera despedirse con una última llamarada de belleza.
Con arreglos de Cristian Pallejà y Ferran Resines, violines de Joan Gerard Torredeflot y arte gráfico de Pablo González, “A tiempo de nada” confirma que Monte Ventura no está aquí para repetir fórmulas. Su debut es un mapa emocional lleno de curvas: tradición, ruido y sensibilidad alternativa coexistiendo en una propuesta que ya apunta a convertirse en una de las más estimulantes del panorama independiente andaluz.
A Tiempo de Nada de Monte Ventura
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