Audiófilos Famosos: de McIntosh a Klipsch, la ruta del sonido puro

Audiófilos Famosos: de McIntosh a Klipsch, la ruta del sonido puro

Cinco salas donde la aguja manda: válvulas encendidas, cinta abierta y silencio que corta el aire.

En NoEsFm abrimos la puerta a los refugios privados de cinco Audiófilos Famosos que han convertido el hi-fi en un acto de fe, no en un capricho. Frente a un mundo que licua la música en compresión y algoritmos, estos iconos levantan templos donde manda la textura, el aire entre instrumentos y el silencio medido. No es postureo: es devoción por la fuente original, por la emoción sin filtros.

1. Magic Johnson, basquetbolista y leyenda de la NBA, llevó su “Showtime” más allá del parqué hasta la cadena de audio. Antes de los anillos y los focos, fue “EJ the DJ” en la radio de Michigan State: allí aprendió a respetar cada eslabón, de la fuente al altavoz. En las fotos icónicas de mediados de los 80, su sala luce como un altar al hi-fi americano-japonés. En el corazón: el McIntosh MC2205, 200 W por canal con Autotransformers que entregan potencia plena en 2/4/8 ohmios y Power Guard para evitar clipping y proteger tweeters cuando la fiesta sube. Los vatímetros azules son el pulso visual; la distorsión, microscópica. A su lado, el preamplificador McIntosh C34V hace de centro de mando: ecualizador de cinco bandas, bucles de cinta, monitor de grabación y controles de tono finísimos para esculpir la respuesta de sala cuando aún no existía la corrección digital. Johnson no buscaba “más fuerte”, buscaba control: que el bajo de un clásico de Marvin Gaye aterrice con peso, timing y contorno.

La devoción por la cinta separa al audiófilo del consumidor casual, y Magic jugó en esa liga. El Nakamichi RX-505, con su “Unidirectional Auto Reverse” que físicamente voltea el cassette, mantiene el azimut perfecto en ambos lados y conserva las altas sin velos; tres cabezales, transporte preciso, silencio de fondo real. Complementa la ReVox B77 de carrete a carrete: ¼ de pulgada, velocidades de estudio, capstan de tracción directa y esa transparencia suiza que convierte la dinámica en presencia física. Para el aire de la radio, el sintonizador McIntosh MR80 —bloqueo de cuarzo, ultra sensibilidad— y, como bisturí visual, el DBX 20/20, ecualizador/analizador de espectro para afinar al milímetro. Todo el conjunto traduce su filosofía competitiva al audio: potencia con disciplina, espectáculo con nitidez. Showtime, pero en estéreo.

* Con auriculares, Magic Johnson sostiene un disco de vinilo en un momento de expectación *

2. Henry Rollins, músico punk (ex vocalista de Black Flag), escritor y artista de spoken word, convirtió su casa de Los Ángeles en un búnker de concentración absoluta: paredes con historia, estanterías repletas y un sofá clavado en el “sweet spot”. No escucha de fondo; se sienta y ataca los discos con disciplina monacal. En su cruzada personal contra la degradación del MP3 —que considera un golpe a la integridad del músico— busca silencio, rango dinámico y verdad. Su ritual es casi de laboratorio: sacar el vinilo, limpiar, bajar la aguja y sostener la mirada en la escena sonora hasta que cada matiz tenga sentido. Aquí la fidelidad no es lujo, es respeto por la fuente original; la escucha, un acto de justicia para grabaciones que merecen escala real aunque hayan nacido crudas en un local de ensayo.

La armería es descomunal y precisa. Los Wilson Audio Alexandria XLF —torres de más de dos metros y cerca de 300 kilos— permiten ajustar físicamente sus módulos para alinear en tiempo los drivers y, con su puerto de graves “Cross-load Flow”, domar la interacción con la sala. Detrás, los monobloques VTL Siegfried Reference II entregan potencia oceánica con gestión automática de bias y esa textura de válvula que hace respirar a las voces; el preamplificador VTL TL-7.5 III, híbrido y silencioso, abre espacio entre instrumentos como bisturí. De fuentes, el Rega Valve Isis suaviza aristas del digital con una salida valvular elegante y, en vinilo, el Rega Planar (P3/P24) recuerda por qué el ritmo —PRaT, pulso, ataque— importa más que el brillo. Resultado: una imagen 3D que flota, transitorios que muerden y un grave controlado con puño de hierro en guante de seda.

* Instante previo: Henry Rollins elige el LP y respira antes de que caiga la aguja *

3. Steve Jobs, cofundador de Apple y apóstol del minimalismo rabioso, llevó su credo de “el diseño debe desaparecer” al territorio sagrado del audio: en la célebre foto de 1982 de Diana Walker, su casa de Woodside está casi vacía salvo por un par de paneles electrostáticos y un giradiscos; muebles no, experiencias puras. Primero abrazó la transparencia de los Acoustat Monitor 3: láminas ultraligeras en campo eléctrico, sin inercia, con un timbre que hace flotar las voces sin coloración. Más tarde, cuando quiso escala sin perder pureza, saltó a los Wilson Audio Grand Slamm, capaces de proyectar una orquesta en la sala con control quirúrgico.

Nada de válvulas: Jobs prefería la mano de hierro del estado sólido bien hecho, por eso eligió electrónica Threshold diseñada por Nelson Pass —preamplificador FET-One y etapas STASIS-1 en Clase A— para domar las cargas caprichosas de los electrostáticos y exprimir microdinámicas sin grano. El Michell GyroDec MK1, con chasis suspendido y plato de bronce pulido, aislaba el surco del mundo como si fuera un laboratorio; la radio corría a cuenta del Denon TU-750, y en el escritorio reinaban los monitores Genelec 1029a para decisiones rápidas. Paradoja perfecta: mientras popularizaba archivos AAC de 99 centavos, su ritual íntimo seguía siendo vinilo —Bach, ECM, Dylan, Beatles— escuchado en un sistema que encarna su mantra: la tecnología se va, la música queda.

* Minimalismo en pausa: suelo, luz cálida, sonido pleno; en el centro, Steve Jobs *

4. Frank Sinatra, cantante y actor apodado “Old Blue Eyes”, convirtió su casa Twin Palms en Palm Springs en una extensión doméstica de los estudios Capitol: no era sala de estar, era sala de control. En el corazón del sistema reinaba el preamplificador McIntosh C22, un clásico a válvulas con 12AX7 que envolvía su timbre con ese terciopelo armónico que vuelve la voz tangible, casi respirable a un metro del oyente. A su lado, el sintonizador Fisher R200 con decodificador MPX elevaba la radio a alta fidelidad en una era en la que el dial era descubrimiento real, no relleno.

Pero la ambición de Sinatra iba más allá de “reproducir”: con la grabadora de carrete Presto 825 de tres canales podía escuchar cintas maestras o registrar sesiones con solidez militar, y con la cortadora Rek-O-Kut fabricaba acetatos al instante para evaluar tomas y secuencias como si ya estuvieran rumbo a la fábrica. La señal terminaba en altavoces de gran formato Altec/JBL de carga por bocina —dinámica sin esfuerzo, proyección de teatro— y un giradiscos Garrard de tracción por polea que aportaba torque y pulso rítmico a big bands y arreglos orquestales. Todo integrado en una consola de madera masiva, parte de la arquitectura, con la que Sinatra calibraba mezclas en condiciones reales de hogar: si sonaba grande ahí, sonaría grande en cualquier salón. Era su estándar de oro, el filtro final antes del mundo.

* Reverencia en casa: Frank Sinatra arrodillado ante el ritual de la escucha *

5. Elijah Wood, actor (El Señor de los Anillos) y DJ bajo el proyecto Wooden Wisdom junto a Zach Cowie, encarna a la nueva guardia que abraza sin miedo la vieja escuela: la serie Heritage de Klipsch —La Scala y Klipschorn— para un sonido “vivo” que arranca la pátina del tiempo a cada grabación. Con sensibilidades que rondan los 105 dB, sus altavoces convierten en trueno incluso a un amplificador de triodo single-ended de Cary Audio con apenas 2 vatios, entregando un rango medio líquido y metales con aliento real, sin fatiga ni aspereza. Es la combinación clásica de bocinas de alta eficiencia y válvulas: autoridad dinámica con humanidad.

El giradiscos Dual 1229, de tracción por polea, aporta el torque y la estabilidad rítmica que reclaman sus sesiones de post-punk, synth-pop y rarezas devocionales grabadas con sintetizadores analógicos; cero languidez, todo pulso. Wood escucha como curador: limpia, alinea, nivela y ajusta toe-in para que la imagen estéreo sea un escenario, no una postal. No presume especificaciones; persigue texturas, microdinámicas y el golpe seco de una caja cuando entra a destiempo. Su sala no es showroom: es laboratorio de descubrimiento donde cada aguja que cae formula una pregunta nueva y cada respuesta viaja caliente a través de válvulas con alma.

* Elijah Wood: gestos, calma y la promesa de una escucha compartida *

Final con aguja

La alta fidelidad no es nostalgia ni lujo; es método para escuchar mejor y, por extensión, sentir mejor. Si algo une a estos perfiles es la obstinación por quitarle capas al ruido del mundo. La invitación es práctica: baja la compresión, alinea tus altavoces, apaga el teléfono y escucha un disco entero. En tiempos de scroll infinito, esa atención es el acto más punk. Que cada sala sea un santuario. Nos vemos en el surco.

Foto principal: Marvin Gaye (1969)

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Este artículo es un contenido de NoEsFm

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